domingo, mayo 13, 2007



De nada sirvió dejar un beso trastabillado
al borde de sus manos impares.

De nada sirvió el ungüento a base de polen y caricias,
ni siquiera el viejo truco del desaliento.
De nada sirvió subir a respirar diálogos
y dejar que el ritual calmase la ansiedad.

La vida me había sindicado.

Para cuando me dí cuenta
la geografía de su rostro ya había mudado,
nada quedaba de lo que amaba:
un sudario de recuerdos,
la memoria y el olvido me pusieron un pleito.

El silencio doblaba en número a las palabras,
un silencio endémico, espermicida.

Y respiro este fibroma oscuro,
repleto de monólogos,
un bodegón inerte oxidado en el vientre,
el alma genéticamente bovina
de un refugiado de la nada.

©Chema Laranxeira
Imagen©Chema Laranxeira