miércoles, mayo 12, 2010



Llueve. Las gotas escriben en braille el canon de Pachelbel.
Detrás de la ventana, los niños crecen en la alfombra
mientras llenas la bañera.
Esperas.
Tú ya sabías que las palabras son aves de presa.
Quieres agarrarte al aire,
olvidar la rutina en cualquier alacena .
Llueve.
No es casualidad.
Los años nacen en invierno.

En el desguace del tiempo
reposan tus diademas,
y aquel diario de pasta gruesa
con tus sueños en bolígrafo de diez colores.
No es casualidad. El tiempo sólo sabe hacer restas.

Y no es sino entre las cacerolas y las prisas
donde cocinas los sinsabores del día a día,
la herida abierta
que supura hasta en la sopa.
Ser nómada en tu propia casa
duele más que cien vinagres en tus ojeras.

Es ya tan tarde.
Vas a por especias,
el puzle del tiempo.

© Chema Laranxeira

jueves, enero 28, 2010



No es tu luz, sino mi ceguera,
no es por orgullo, sino por lo que pesa el perdón,
no es por mí ni por el llanto oculto,
sino por el acero que me espera fakir.
Más abajo,
tu ausencia aprieta los dientes
y el silencio que viene una y otra vez,
una y otra vez.
No es por tu luz, sino por mi ceguera.

Hubo un tiempo
en que mis manos
mordían la madera de la tierra buscándote,
toda gravedad era poca,
y te amé sediento,
y te amo,
y te reclamo con hambre
desde esta vida sin gps,
(los años a la espera).

Más abajo,
donde estoy ahora, no llega el olvido,
solo estás tú y tu recuerdo.
Respiremos desde la piel
para que todo sea más lento
que la esperanza.
Y que el tiempo nos eche de menos.

©Chema Laranxeira