jueves, noviembre 30, 2006



La olla hirviendo con poca higiene.
El valor del cocido como hidroterapia.
Hez de vapor que hiberna en el aire de la cocina
y se retuerce elástico para filtrarse nasal.

Plegarse como un junco
a las moléculas culinarias,
Mofarse del moldeado pasado de moda
que llevan los macarrones,
del necrófago que se regodea con el delicioso solomillo,
de los recuerdos de niñez
de aquellos cimbreantes oxiuros en la taza.

Pero no hacemos nada sino oxidarnos,
lo que nos da vida nos mata
en una eterna punción.

Rellenar el estómago con comidas anteriores.
Los animales se sindican.
El aire se torna vermiforme
y cae como un yunque en los pulmones.

Necesito más sal, más humedad,
más conciencia de furriel,
cambiar los fusibles del gusto,
congeniar la vida con la especia adecuada.

©Chema Laranxeira
Imagen: ©Chema Laranxeira

jueves, septiembre 28, 2006



Vivo con más corazón que cerebro.
Un desorden matemático
de difícil digitalización.
Uno por uno suelen ser dos,
Dos menos uno suele ser nada.
Quizás sea un exceso por mi parte,
o un fallo en la memoria anterógrada.
Intento, eso sí, vacunarme de normalidad,
reinsertarme en las lecturas adecuadas
y dejar atrás las formas.

Circunstancialidad,
fragilidad disfrazada de tiempo,
que todo perezca
y se regenere de nuevo,
que tropiecen las neuronas,
que de injertar sea más mestizo,
más cierto.

Aquiescencia.
Adicción a la entropía,
a los besos encarnados,
a vivir ajeno al sexo de las palabras.
Aspiro.
A veces ausculto su esencia
Para cerciorarme que es real.

Vivo con más corazón que cerebro.
Necesito sumar seres con colores
para no olvidar que todos somos arco iris.

©Chema Laranxeira

sábado, agosto 12, 2006



Azul,
azul de aguantar la respiración,
y llevar en peso el cielo.
Tauro para más señas.

Rojo,
rojo de aspirar herrumbre,
de silenciar al caníbal asocial.

Verde,
verde de sometimiento,
de la sinrazón que supura animales goyescos.

Amarillo,
tan primario que ofende,
desierto que se aspira.

Negro,
la vida cobra sentido,
el aire se envuelve en papel de estraza
y se coloca un lazo arcoiris.

Blanco,
amago de nada,
caricia de abuela
o portazo sin retorno.

Hoy me levanto rosa,
y por eso escribo,
pobre rosa, tan vilipendiado.
Hoy en la paleta de colores
no tengo palabras,
solo acuarelas
que se diluyen al contacto con el léxico,
gramáticas grises, diccionarios inútiles
donde vagabundean desterradas las palabras verdaderas.

©Chema Laranxeira
Imagen: ©Chema Laranxeira

miércoles, agosto 09, 2006



Migas de aire,
aire con sabor a toffee,
a disolvente de sueños,
a futuro imperfecto.

Recetas de certezas,
y esa palabra terrible de cinco letras
que me merodea,
que me atraviesa.

Somos porque al oeste limitamos con la pasión,
somos porque el camino siempre es de vuelta,
somos por abrirnos puertas
y dejar las habitaciones llenas
y los cuerpos vacíos.

Somos por despedazarnos,
por hacer un trueque de sincronías
y batallas de flores,
somos por ser siempre dos comensales
con un menú de carne
y emociones de postre.

Todo sea por abandonar la ficticia cirugía
que transforma los sentimientos.
Todo por olvidar
cualquier artilugio que mida el tiempo,
y repartirnos besos homicidas.

©Chema Laranxeira
Imagen: Hierba ©Chema Laranxeira

martes, julio 25, 2006



Un secreto:
eres como un beso fotografiado en el aire,
un beso con guarnición,
un beso con virutas de queso.

©Chema Laranxeira
Imagen: Beso ©Chema Laranxeira

viernes, mayo 05, 2006



Espera,
es tarde para eso.
No quiero emociones a granel,
no ves que no puedo.
Acércate y desenrédame,
auscúltame primero.
Tómate el tiempo a bocanadas,
acaricia ese beso en celo.
Sal a la ferretería y pide
un verbo enfermo.
Y luego,
luego podremos hacer barbacoas
con el deseo
y convertir en palacios
lo que hemos ahorrado,
sumergir
nuestras lenguas en mosaicos
y llenar las mochilas
de saltos.

Mientras tanto,
dejemos que el aire
cargado de ladrillos,
dispare ráfagas
oscuras y hostiles.
Yo sólo quiero vagabundear
sin rejas en las manos
y calmar, de una vez,
el estruendo
de este desierto eléctrico.

©Chema Laranxeira
Imagen: Camino ©Chema Laranxeira

viernes, marzo 17, 2006



¿Cuántas veces podría recordarte
como esa niña elástica,
repleta de detonaciones sumergidas?.

El olvido es un disparo de distancia comprimido.
Todo queda lejos pero duele tan cerca.

¿Cuántas veces podré recordarte
danzando como un anélido en una lata de repsol?

En un desierto sin nómadas,
dos estiletes sencillos
rasgan las dermis del amor náufrago.
Los bordes se cansan de ser acróbatas,
y ni tu corazón ni el mío
son gargantas que afinen en el blanco.

¿Para qué quiero dos veces dos,
amor unívoco,
rencores de ida y vuelta?

Es la suerte del toro
con arena coagulada en el ruedo.

¿Para quién esas dos copas
amarillas del trajín del vino?
¿Para qué tu amor sin el mío?

De nuevo ser dos,
híbridos ,
atardeceres blancos, asexuados,
lejos del olimpo.

Vivir transeúnte
y anónimo
en un cementerio de palabras cerradas.


Y doy voces,
y te suda el rostro,
hasta creo que me hacen efecto los analgésicos,
y que se descruza el gato negro.

©Chema Laranxeira
Imagen: Licuada ©Chema Laranxeira