
La olla hirviendo con poca higiene.
El valor del cocido como hidroterapia.
Hez de vapor que hiberna en el aire de la cocina
y se retuerce elástico para filtrarse nasal.
Plegarse como un junco
a las moléculas culinarias,
Mofarse del moldeado pasado de moda
que llevan los macarrones,
del necrófago que se regodea con el delicioso solomillo,
de los recuerdos de niñez
de aquellos cimbreantes oxiuros en la taza.
Pero no hacemos nada sino oxidarnos,
lo que nos da vida nos mata
en una eterna punción.
Rellenar el estómago con comidas anteriores.
Los animales se sindican.
El aire se torna vermiforme
y cae como un yunque en los pulmones.
Necesito más sal, más humedad,
más conciencia de furriel,
cambiar los fusibles del gusto,
congeniar la vida con la especia adecuada.
©Chema Laranxeira
Imagen: ©Chema Laranxeira

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