martes, enero 16, 2007



Mientras líquido estaba en tí,
abría tu boca
con la llave de mis besos;
entraba y salía
entre onomatopeyas y aspavientos
con los ojos abiertos como lázaros.

Un compás interminable sonaba en la radio
y tu mirada quedó en silencio.
Sentí los ojos de cientos de agujas
por mi espalda,
el corazón ingrávido
apareció mordido y sin aliento.
Ahí viene, ahí viene, dijiste,
apartando las ramas
y subiendo el volumen de las sábanas.

No he visto tanto en unas manos.

Se oía crecer a los árboles
y te llevé a la pequeña colina
para que vieramos nuestra dicha.

©Chema Laranxeira
Imagen:©Chema Laranxeira

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