sábado, marzo 24, 2007



Al salir de casa dejé la lucidez apagada
sin darme cuenta,
esa tarde tampoco había oxígeno en el supermercado,
ni los recuerdos tenían tiempo de hacer memoria.
Y desapareciste.

Aún se adivina en tus ojos
un eclipse pertinaz,
el olvido terrible,
la asepsia imposible de unas manos
recorriendo la piel.

Nada fue más cartesiano que amarte.
Nada tan efímero
como rosas en agua de colonia.

Los errores crecen como secuoyas.
En el amor no hay paz.

Cuando llegué
tus cabellos eran tu manta.
La habitación hablaba sola.
Y tú no estabas.

Me arrodillé a respirar por tí,
a suplicar a los planetas ramos de flores.
No sabía que ya te habías ido.
Los sentidos eran vértices afilados,
agujas de acupuntura para la soledad.

Ahora, cuando veo pasar las estaciones
siento frío.
La oscuridad es un mundo lento.
Inevitablemente buscaré la luz de los vivos,
empaparme de existencia,
a no ser
que yo mismo
sea el hierro del que he estado huyendo.

©Chema Laranxeira
Imagen ©Chema Laranxeira

miércoles, marzo 14, 2007



Si elijo tenerte a la luz
es por si averigüo el ADN del deseo.
Tu inocencia es como un delantal transparente
que no logra cubrir tu desnudez.
Asique si te dejo a oscuras,
como deseas,
me perderé las piezas más sabrosas,
los recovecos más triangulares.
Con luz te leo mejor,
lo real ahuyenta religiones deshabitadas
y emergen invisibles las palabras persuasivas.

Nada se esconde,
las miradas se multiplican
como manantiales de espejos.

Ahora dudo,
veo pasar al animal que lame las sustancias corporales,
los huecos quietos en sus umbrales,
esperando,
esperando,
todo se magnifica y embaraza.
Las manos hacen cesáreas,
besan, labran la carne de colores primarios.

Las sábanas ríen entre mieles afiladas,
se reproducen cuales setas hermafroditas
entre humedad y vértigo.

La habitación gime.

Es de día,
los obreros anuncian la mañana
y oigo como la noche se aleja silbando
con ternura tu sexo.

©Chema Laranxeira
Imagen ©Chema Laranxeira

lunes, marzo 12, 2007



Mi casa huele a cocina,
las paredes se sostienen por pura anomalía,
sé que las ventanas cotillean con el aire,
que las puertas no se cierran por vergüenza,
las tuberías gritan,
los automóviles cruzan el salón sin vértigo,
sé que la vecina no aguanta dormir al borde de la cama
y que sueña con lágrimas en los ojos.

No me importaría mudarme
sino fuera porque el sol me despierta boquiabierto
y de noche la luz lava sus heridas en el fregadero.
Es una casa con llagas abiertas,
con agujeros huérfanos.
Pienso químicamente en silencio
que prefiero modificar mi cuerpo,
encajarme entre los ladrillos enfermos,
esperar entre amigos
a que ocurra cualquier cambio en la ley del suelo.

©Chema Laranxeira
Imagen©Chema Laranxeira