lunes, marzo 12, 2007



Mi casa huele a cocina,
las paredes se sostienen por pura anomalía,
sé que las ventanas cotillean con el aire,
que las puertas no se cierran por vergüenza,
las tuberías gritan,
los automóviles cruzan el salón sin vértigo,
sé que la vecina no aguanta dormir al borde de la cama
y que sueña con lágrimas en los ojos.

No me importaría mudarme
sino fuera porque el sol me despierta boquiabierto
y de noche la luz lava sus heridas en el fregadero.
Es una casa con llagas abiertas,
con agujeros huérfanos.
Pienso químicamente en silencio
que prefiero modificar mi cuerpo,
encajarme entre los ladrillos enfermos,
esperar entre amigos
a que ocurra cualquier cambio en la ley del suelo.

©Chema Laranxeira
Imagen©Chema Laranxeira

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