
Yo he dejado mis ojos a la suerte de los prestamistas,
mis ojos y sus lágrimas,
ojos de un acíbar apócrifo,
empeñados a fuerza de desengaños,
resignados ojos eméticos,
estupefacientes para engañar a la lucidez.
Eran ojos tragicómicos,
forjados ante la epilepsia de la belleza
y la lógica de lo mundano.
Ojos inútiles
en un cuerpo agotado en simulacros.
Un cisma entre el yo y los otros.
Yo he dejado mis ojos vacantes
para, al fin, verme por dentro.
©Chema Laranxeira
Imagen ©Chema Laranxeira

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