jueves, noviembre 15, 2007



Toda palabra es una jaula.

Gritaría
si no fuese fan de los ultrasonidos.
Cerraría mi boca
llena de moléculas albinas
para no saborear su eco.

Cuánto más respiro
más submarinas desgarran,
las llamas y desafinan,
se sindican si las callas.

Sólo me apetece
ponerles música,
ordenarlas a mi antojo,
que rimen si es necesario,
que salgan de sus vainas,
que se pongan verdes,
amarillas, rojas.

A veces,
viven menos que una mosca,
a veces, callan,
se sublevan, a veces,
cuentan secretos,
adelgazan de tanto aspaviento,
a veces, tocan con los dedos
las almas,
a veces las acaban.

©Chema Laranxeira
Imagen ©Chema Laranxeira

sábado, noviembre 10, 2007



Abreviando: El silencio.
Ssssh.
Ni una nota se delata.
Un estribillo: El tiempo.
Tic, tac; tic, tac, toc.
Los nombres condenan las emociones.
Silencio.
Sssssh.
Tiempo.
Tic, tac; tic, tac, toc.
El ego se desgañita en onomatopeyas gaussianas:
Dónde se esconde la horma de mi zapato?
Birlibirloque.
Todos los finales son bíferos.
El tiempo, el silencio son huérfanos.
Probablemente antropófagos.
Sssssh.
Tic, tac; tic, tac, toc.
Birlibirloque.
Se acerca la catenaria del limbo
con un traqueteo maduro.
Ssssh, en el aire no hay lastres.

©Chema Laranxeira
Imagen ©Chema Laranxeira