
Después de darme la vuelta
y encontrarme de bruces conmigo mismo,
es sencillo combar el aire que arrastras,
desmadejar el penetrante sudor
a olvido que dejas.
Es sencillo
dejar de quitar fotos a tus abrazos
o, cariacontecido, sobornar
a los recuerdos para que dejen de mirarte.
Es sencillo
porque es ilegal abrir balcones
en los precipicios,
dejar de fiarse
del horóscopo de mis penas.
Y me duele estar aquí,
en este momento,
y ser tortuga en mi desaliento.
Quisiera ser egoísta y quedarme,
averiguar en qué pueblo,
y de qué manera,
puedo comprar una casa con sueños,
un lenguaje sin piedras.
Otras veces,
por lo perezoso que soy,
me bastaría un andén,
unos bancos de madera,
y esperaría, de tierra en tierra,
a que pasara el tren del olvido en bicicleta.
© Chema Laranxeira
Imagen: Piedra ©Chema Laranxeira
