Y es que me canso
de buscar en los bolsillos
la poca pena que me queda.
Será por el gasto averiado,
o por la bancarrota del frigorífico,
será porque me acuesto en números rojos
o porque a base de sacrificar monederos
hasta la desgracia salió por la ventana.
Es una vida
de huesos malheridos,
de profundos cortes
en maderas amargas.
Y no sé si huir
o dejarme naufragar como un perro,
extenderme capilar entre cerraduras
o forrar de trapos la pasión
por respirar despacio.
Yo lo que quiero
es servir de saco a los calendarios,
liberar a los caballitos de los tiovivos,
y sentir que entre estos días de espadas,
y las noches de ladrones en duelo,
todavía hay esperanza,
o gemidos o volcanes en celo.
© Chema Laranxeira
Imagen: Lilas ©Chema Laranxeira
