Y es que me canso
de buscar en los bolsillos
la poca pena que me queda.
Será por el gasto averiado,
o por la bancarrota del frigorífico,
será porque me acuesto en números rojos
o porque a base de sacrificar monederos
hasta la desgracia salió por la ventana.
Es una vida
de huesos malheridos,
de profundos cortes
en maderas amargas.
Y no sé si huir
o dejarme naufragar como un perro,
extenderme capilar entre cerraduras
o forrar de trapos la pasión
por respirar despacio.
Yo lo que quiero
es servir de saco a los calendarios,
liberar a los caballitos de los tiovivos,
y sentir que entre estos días de espadas,
y las noches de ladrones en duelo,
todavía hay esperanza,
o gemidos o volcanes en celo.
© Chema Laranxeira
Imagen: Lilas ©Chema Laranxeira
jueves, abril 29, 2004
martes, abril 20, 2004

Me crié entre piedras
de estrechos ojales.
No sé si el ajetreo
entre el barrio del caos
y el de la inocencia
acabó desangrando en melancolía
o si el lento goteo
de inviernos
y crustáceos sueños
me dejó desnudo
y amortajado por el frío noroeste.
Ambos me temo.
Y crecí,
crecí de contrastes en bajorrelieve,
de libar las esquinas de los alambres,
como si fuera posible
crecer entre tanta humedad
y permanecer higrófobo y aéreo,
apenas sin dificultad,
como una ameba lunar,
o un mediterráneo en el océano.
Dando un rodeo
vegetal, no, no me muevo,
esperé,
esperé a que estirara el cielo,
a que, con lúpulo en la boca,
el porvenir me circuncidara asimétrico.
Y llegó,
llegó con alfombras rojas
y un suave contoneo,
femenina y glacial,
primitiva y en celo.
Era diciembre
y en las cuencas del deseo
chisporroteaban arco iris de catéteres indoloros,
no, no los siento,
y fui feliz,
horizontal como un eiffel cubista,
mineral a pesar del movimiento.
Luego, con un par de letras,
hice un mecano de cuentos
y lo perdí,
lo perdí como se pierden los cuentos,
entre las matemáticas del tiempo.
© Chema Laranxeira
Imagen: Tapiz ©Chema Laranxeira
sábado, abril 17, 2004
Con un suave balanceo
me acerco a tu puerta
y te llamo, vegetal y submarino,
dispuesto a edificar
sin apenas geometrías.
Una ligera brisa,
del calibre de un beso,
susurra que dentro, casi campestre,
te meces entre canciones de cuna.
Inmóvil, embarazado de rosas,
espero a que abras
y que partas en dos este invierno.
Yo te tengo sin testigos
y soy capaz de cambiarme entre bastidores
y arrojarte toda la humedad
que el tiempo me ha dejado en herencia.
Yo te mostré mis heridas
y tú, con la suavidad
de la madera pulida,
te tiendes espacial
y golpeas una a una
cada desdicha con piel de tigre,
enlutadas telarañas
que, con razón o sin ella,
gasté al comprar tanta luz
para tan poca casa.
Yo tuve un rostro
y tú con una empuñadura
del mas humano cielo,
quemaste las torres
e izaste la bandera
del más puro ecuador.
Yo solo quiero quedarme,
quedarme inoxidable
en tu regazo
y dejar que de sangre
hagas lenguajes
viernes, abril 16, 2004
Si acercándome despacio
consiguiera desprevenirte
y acurrucarme ajeno al tiempo.
Si con un líquido roce, una caricia porosa,
engendrara certero un suero
y como un vahído amerizara sin dolor
sobre tu virus agorero,
que me inunda y contamina,
que se aprieta gelatinoso y endodérmico,
no dudes que lo haría.
Salir de esta ortopedia
que me corroe,
devorarle las entrañas, analítico y carroñero,
dejarle expirar sin pausa ni remordimiento,
amanecer dilatado, imberbe y austero,
como recién nacido,
como pompa soluble en el aire,
y acostarme en la nada,
y disfrutar del paisaje
y hacer onomatopeyas de papel con tu recuerdo.
© Chema Laranxeira
miércoles, abril 14, 2004
Espera,
es tarde para eso.
No quiero emociones a granel,
no ves que no puedo.
Acércate y desenrédame,
auscúltame primero.
Tómate el tiempo a bocanadas,
acaricia ese beso en celo.
Sal a la ferretería y pide
un verbo enfermo.
Y luego,
luego podremos hacer barbacoas
con el deseo
y convertir en palacios
lo que hemos ahorrado,
sumergir
nuestras lenguas en mosaicos
y llenar las mochilas
de saltos.
Mientras tanto,
dejemos que el aire
cargado de ladrillos,
dispare ráfagas
oscuras y hostiles.
Yo sólo quiero vagabundear
sin rejas en las manos
y calmar, de una vez,
el estruendo
de este desierto eléctrico.
© Chema Laranxeira
martes, abril 13, 2004
No es de vaivenes ni de rosas
de lo que te hablo,
sólo con tus labios
podría hacer, a contrarreloj, un boceto
de lo que quiero.
Sin sometimiento no hay espera
y entre el azar y la solidez de la gelatinosa
melancolía,
me desperezo.
Harto de soledad,
buceo como hiena,
buscando,
buscando a quemarropa
mi yo,
mi sentido,
ese tacto de franela
y pana,
como cuando éramos niños.
Tú y yo,
mi querida ausencia.
© Chema Laranxeira
