sábado, junio 16, 2007



Yo no sé si debo
buscarte en la oscuridad de los armarios.
Pienso en la lluvia que viaja en las ortigas,
en la tarde en que ví gemir tu vientre,
en tu dulzura de grandes párpados.
Soy menos útil pero más humano.
Dame un abrazo con sabor a comienzo,
dame el mapa que me sitúe,
las palabras que extirpen mi naturaleza.
Estoy ciego en esta quietud,
la ausencia deja resina en mis manos,
me lastiman las sombras de los alfileres,
son recuerdos, llagas saliendo de mi lengua
que agonizan,
y el tiempo que arde,
el tiempo en que te echo de menos.

©Chema Laranxeira
Imagen ©Chema Laranxeira

domingo, mayo 13, 2007



De nada sirvió dejar un beso trastabillado
al borde de sus manos impares.

De nada sirvió el ungüento a base de polen y caricias,
ni siquiera el viejo truco del desaliento.
De nada sirvió subir a respirar diálogos
y dejar que el ritual calmase la ansiedad.

La vida me había sindicado.

Para cuando me dí cuenta
la geografía de su rostro ya había mudado,
nada quedaba de lo que amaba:
un sudario de recuerdos,
la memoria y el olvido me pusieron un pleito.

El silencio doblaba en número a las palabras,
un silencio endémico, espermicida.

Y respiro este fibroma oscuro,
repleto de monólogos,
un bodegón inerte oxidado en el vientre,
el alma genéticamente bovina
de un refugiado de la nada.

©Chema Laranxeira
Imagen©Chema Laranxeira

martes, abril 10, 2007



Yo he dejado mis ojos a la suerte de los prestamistas,
mis ojos y sus lágrimas,
ojos de un acíbar apócrifo,
empeñados a fuerza de desengaños,
resignados ojos eméticos,
estupefacientes para engañar a la lucidez.

Eran ojos tragicómicos,
forjados ante la epilepsia de la belleza
y la lógica de lo mundano.
Ojos inútiles
en un cuerpo agotado en simulacros.
Un cisma entre el yo y los otros.

Yo he dejado mis ojos vacantes
para, al fin, verme por dentro.

©Chema Laranxeira
Imagen ©Chema Laranxeira

sábado, marzo 24, 2007



Al salir de casa dejé la lucidez apagada
sin darme cuenta,
esa tarde tampoco había oxígeno en el supermercado,
ni los recuerdos tenían tiempo de hacer memoria.
Y desapareciste.

Aún se adivina en tus ojos
un eclipse pertinaz,
el olvido terrible,
la asepsia imposible de unas manos
recorriendo la piel.

Nada fue más cartesiano que amarte.
Nada tan efímero
como rosas en agua de colonia.

Los errores crecen como secuoyas.
En el amor no hay paz.

Cuando llegué
tus cabellos eran tu manta.
La habitación hablaba sola.
Y tú no estabas.

Me arrodillé a respirar por tí,
a suplicar a los planetas ramos de flores.
No sabía que ya te habías ido.
Los sentidos eran vértices afilados,
agujas de acupuntura para la soledad.

Ahora, cuando veo pasar las estaciones
siento frío.
La oscuridad es un mundo lento.
Inevitablemente buscaré la luz de los vivos,
empaparme de existencia,
a no ser
que yo mismo
sea el hierro del que he estado huyendo.

©Chema Laranxeira
Imagen ©Chema Laranxeira

miércoles, marzo 14, 2007



Si elijo tenerte a la luz
es por si averigüo el ADN del deseo.
Tu inocencia es como un delantal transparente
que no logra cubrir tu desnudez.
Asique si te dejo a oscuras,
como deseas,
me perderé las piezas más sabrosas,
los recovecos más triangulares.
Con luz te leo mejor,
lo real ahuyenta religiones deshabitadas
y emergen invisibles las palabras persuasivas.

Nada se esconde,
las miradas se multiplican
como manantiales de espejos.

Ahora dudo,
veo pasar al animal que lame las sustancias corporales,
los huecos quietos en sus umbrales,
esperando,
esperando,
todo se magnifica y embaraza.
Las manos hacen cesáreas,
besan, labran la carne de colores primarios.

Las sábanas ríen entre mieles afiladas,
se reproducen cuales setas hermafroditas
entre humedad y vértigo.

La habitación gime.

Es de día,
los obreros anuncian la mañana
y oigo como la noche se aleja silbando
con ternura tu sexo.

©Chema Laranxeira
Imagen ©Chema Laranxeira

lunes, marzo 12, 2007



Mi casa huele a cocina,
las paredes se sostienen por pura anomalía,
sé que las ventanas cotillean con el aire,
que las puertas no se cierran por vergüenza,
las tuberías gritan,
los automóviles cruzan el salón sin vértigo,
sé que la vecina no aguanta dormir al borde de la cama
y que sueña con lágrimas en los ojos.

No me importaría mudarme
sino fuera porque el sol me despierta boquiabierto
y de noche la luz lava sus heridas en el fregadero.
Es una casa con llagas abiertas,
con agujeros huérfanos.
Pienso químicamente en silencio
que prefiero modificar mi cuerpo,
encajarme entre los ladrillos enfermos,
esperar entre amigos
a que ocurra cualquier cambio en la ley del suelo.

©Chema Laranxeira
Imagen©Chema Laranxeira

sábado, febrero 24, 2007



Al girarme me di cuenta del traspié,
era frío y aún estaba ahí,
de cuerpo presente,
como relamiéndose.
Yo iba y venía,
pero siempre daba un rodeo,
evitándolo, girando en circunloquios.
Él estaba ahí,
lleno de sombra,
con sus ojos zalameros
y ropa desaseada,
invitándome, retándome,
tan atractivo.
Me prometí que esta vez no me cogería desprevenido,
pensando en blanco y negro.
Evalué los pros y contras,
pregunté a los amigos,
hice un esquema,
consulté a los médicos del ramo,
a los vecinos ensayo y error.
Me recomendaban saltos, piruetas,
contorsiones varias.
Así que me convertí en un experto en circos,
con un máster en trapecios.

Ahora vuelo, vuelo,
los errores no tienen red.
Tal vez mientras caigo
me reinvento.

©Chema Laranxeira
Imagen ©Blanca

jueves, febrero 15, 2007



Mi corazón atrasa,
falta de riego o de abono,
o de ritmo.
Mis manos ya no inventan palomas,
mis ojos naufragan;
ya no hay magia,
hay vértigo y escalones hacia el sur,
aceites en el horizonte,
se caen las vocales de los nombres
y se queda el caos, la nada,
el cs, la nd.

©Chema Laranxeira
Imagen©Chema Laranxeira

domingo, febrero 04, 2007



Aquí permanezco,
desliofilizándome,
haciendo aguas y agujeros vacíos
sin tí.
Estoy por pura pedagogía.

Acerquémonos
en estos tiempos microscópicos,
tápame si soy transparente,
espera,
este momento es para tu colección de alfabetos,
es el continuo pétalo de luz en caer
que dice sí.
Sí a tus manos, a tus inviernos,
a tu vientre redondeado,
sí a los campos sin farmacias,
a la primera palabra de verde clorofila.

Llegué para buscarte, para estar contigo.
Hice un valle con borlas arcoiris
y coloqué el sol a mi espalda
para sentir la extrañeza de dos sombras arremolinadas.

Quiero abrazarte como una rueda,
dame de nuevo tus señas,
llegar como una carta
para abrirme entre tus dedos,
escuchar como la gravedad
me imanta a tí,
derrotando el hierro,
viviendo lentos.

©Chema Laranxeira
Imagen ©Chema Laranxeira

viernes, enero 26, 2007



Hay demasiada pasión habitando entre dientes,
la sed de certezas
conduce como una loca por las palabras.
Agoniza casi al instante en cualquier cuneta,
destino cobarde
en el hospital del frío.

No son sólo las risas lentas
que se oyen a la espalda, afilando guadañas.
Llegan con luces
para llenar los huecos de los monosílabos
y templan aceros cardíacos
en las hogueras de los suburbios.

Qué fría está su mano,
se hace paso a través de la camisa
y los poros quedan ciegos.
Estoy ebrio de tanta melancolía,
quisiera por fin llegar a casa
y atrasar los relojes hasta despertarme.

©Chema Laranxeira
Imagen:©Chema Laranxeira

martes, enero 16, 2007



Mientras líquido estaba en tí,
abría tu boca
con la llave de mis besos;
entraba y salía
entre onomatopeyas y aspavientos
con los ojos abiertos como lázaros.

Un compás interminable sonaba en la radio
y tu mirada quedó en silencio.
Sentí los ojos de cientos de agujas
por mi espalda,
el corazón ingrávido
apareció mordido y sin aliento.
Ahí viene, ahí viene, dijiste,
apartando las ramas
y subiendo el volumen de las sábanas.

No he visto tanto en unas manos.

Se oía crecer a los árboles
y te llevé a la pequeña colina
para que vieramos nuestra dicha.

©Chema Laranxeira
Imagen:©Chema Laranxeira

jueves, noviembre 30, 2006



La olla hirviendo con poca higiene.
El valor del cocido como hidroterapia.
Hez de vapor que hiberna en el aire de la cocina
y se retuerce elástico para filtrarse nasal.

Plegarse como un junco
a las moléculas culinarias,
Mofarse del moldeado pasado de moda
que llevan los macarrones,
del necrófago que se regodea con el delicioso solomillo,
de los recuerdos de niñez
de aquellos cimbreantes oxiuros en la taza.

Pero no hacemos nada sino oxidarnos,
lo que nos da vida nos mata
en una eterna punción.

Rellenar el estómago con comidas anteriores.
Los animales se sindican.
El aire se torna vermiforme
y cae como un yunque en los pulmones.

Necesito más sal, más humedad,
más conciencia de furriel,
cambiar los fusibles del gusto,
congeniar la vida con la especia adecuada.

©Chema Laranxeira
Imagen: ©Chema Laranxeira

jueves, septiembre 28, 2006



Vivo con más corazón que cerebro.
Un desorden matemático
de difícil digitalización.
Uno por uno suelen ser dos,
Dos menos uno suele ser nada.
Quizás sea un exceso por mi parte,
o un fallo en la memoria anterógrada.
Intento, eso sí, vacunarme de normalidad,
reinsertarme en las lecturas adecuadas
y dejar atrás las formas.

Circunstancialidad,
fragilidad disfrazada de tiempo,
que todo perezca
y se regenere de nuevo,
que tropiecen las neuronas,
que de injertar sea más mestizo,
más cierto.

Aquiescencia.
Adicción a la entropía,
a los besos encarnados,
a vivir ajeno al sexo de las palabras.
Aspiro.
A veces ausculto su esencia
Para cerciorarme que es real.

Vivo con más corazón que cerebro.
Necesito sumar seres con colores
para no olvidar que todos somos arco iris.

©Chema Laranxeira

sábado, agosto 12, 2006



Azul,
azul de aguantar la respiración,
y llevar en peso el cielo.
Tauro para más señas.

Rojo,
rojo de aspirar herrumbre,
de silenciar al caníbal asocial.

Verde,
verde de sometimiento,
de la sinrazón que supura animales goyescos.

Amarillo,
tan primario que ofende,
desierto que se aspira.

Negro,
la vida cobra sentido,
el aire se envuelve en papel de estraza
y se coloca un lazo arcoiris.

Blanco,
amago de nada,
caricia de abuela
o portazo sin retorno.

Hoy me levanto rosa,
y por eso escribo,
pobre rosa, tan vilipendiado.
Hoy en la paleta de colores
no tengo palabras,
solo acuarelas
que se diluyen al contacto con el léxico,
gramáticas grises, diccionarios inútiles
donde vagabundean desterradas las palabras verdaderas.

©Chema Laranxeira
Imagen: ©Chema Laranxeira

miércoles, agosto 09, 2006



Migas de aire,
aire con sabor a toffee,
a disolvente de sueños,
a futuro imperfecto.

Recetas de certezas,
y esa palabra terrible de cinco letras
que me merodea,
que me atraviesa.

Somos porque al oeste limitamos con la pasión,
somos porque el camino siempre es de vuelta,
somos por abrirnos puertas
y dejar las habitaciones llenas
y los cuerpos vacíos.

Somos por despedazarnos,
por hacer un trueque de sincronías
y batallas de flores,
somos por ser siempre dos comensales
con un menú de carne
y emociones de postre.

Todo sea por abandonar la ficticia cirugía
que transforma los sentimientos.
Todo por olvidar
cualquier artilugio que mida el tiempo,
y repartirnos besos homicidas.

©Chema Laranxeira
Imagen: Hierba ©Chema Laranxeira

martes, julio 25, 2006



Un secreto:
eres como un beso fotografiado en el aire,
un beso con guarnición,
un beso con virutas de queso.

©Chema Laranxeira
Imagen: Beso ©Chema Laranxeira

viernes, mayo 05, 2006



Espera,
es tarde para eso.
No quiero emociones a granel,
no ves que no puedo.
Acércate y desenrédame,
auscúltame primero.
Tómate el tiempo a bocanadas,
acaricia ese beso en celo.
Sal a la ferretería y pide
un verbo enfermo.
Y luego,
luego podremos hacer barbacoas
con el deseo
y convertir en palacios
lo que hemos ahorrado,
sumergir
nuestras lenguas en mosaicos
y llenar las mochilas
de saltos.

Mientras tanto,
dejemos que el aire
cargado de ladrillos,
dispare ráfagas
oscuras y hostiles.
Yo sólo quiero vagabundear
sin rejas en las manos
y calmar, de una vez,
el estruendo
de este desierto eléctrico.

©Chema Laranxeira
Imagen: Camino ©Chema Laranxeira

viernes, marzo 17, 2006



¿Cuántas veces podría recordarte
como esa niña elástica,
repleta de detonaciones sumergidas?.

El olvido es un disparo de distancia comprimido.
Todo queda lejos pero duele tan cerca.

¿Cuántas veces podré recordarte
danzando como un anélido en una lata de repsol?

En un desierto sin nómadas,
dos estiletes sencillos
rasgan las dermis del amor náufrago.
Los bordes se cansan de ser acróbatas,
y ni tu corazón ni el mío
son gargantas que afinen en el blanco.

¿Para qué quiero dos veces dos,
amor unívoco,
rencores de ida y vuelta?

Es la suerte del toro
con arena coagulada en el ruedo.

¿Para quién esas dos copas
amarillas del trajín del vino?
¿Para qué tu amor sin el mío?

De nuevo ser dos,
híbridos ,
atardeceres blancos, asexuados,
lejos del olimpo.

Vivir transeúnte
y anónimo
en un cementerio de palabras cerradas.


Y doy voces,
y te suda el rostro,
hasta creo que me hacen efecto los analgésicos,
y que se descruza el gato negro.

©Chema Laranxeira
Imagen: Licuada ©Chema Laranxeira

lunes, junio 21, 2004



Por más que te busco
no acierto con qué herramienta.
Será que has nacido
en otra madre,
que no hay carretera.
Cómo encontrarte,
en qué viaje,
con qué brújula,
en qué cruce debo girar
en el momento justo
en que te asomes a todas las ventanas.

Y si tropiezo con difíciles nudos,
con ítacas placenteras,
y si de los árboles cuelgan panes
que ocultan cadenas,
y si me olvido
de lo que no encuentro
y me doy la vuelta.
Y si no me esperas,
y si no giro los candados
con suficiente fuerza.

Y si dudo estar,
si son comestibles estas piedras,
si con ser estratega del viento
puedo acercarme
y ser la sala de mi espera.

Y qué ofrecerte,
sólo tengo el aire
que malgasto en las caligrafías de las cosas,
en subrayar todo el tiempo
que pierdo en parecer paleontólogo
de las costumbres de las libélulas.

Pero voy y vengo,
como una boya en el mar,
y no tengo ni idea de la aeronáutica
que me aleja,
no sé si soy, si seré miope
cuando llegue el día
y acabe vendiendo
enciclopedias
por otras puertas.


© Chema Laranxeira

Imagen: Distorsión ©Chema Laranxeira

sábado, mayo 08, 2004



Después de darme la vuelta
y encontrarme de bruces conmigo mismo,
es sencillo combar el aire que arrastras,
desmadejar el penetrante sudor
a olvido que dejas.
Es sencillo
dejar de quitar fotos a tus abrazos
o, cariacontecido, sobornar
a los recuerdos para que dejen de mirarte.

Es sencillo
porque es ilegal abrir balcones
en los precipicios,
dejar de fiarse
del horóscopo de mis penas.

Y me duele estar aquí,
en este momento,
y ser tortuga en mi desaliento.

Quisiera ser egoísta y quedarme,
averiguar en qué pueblo,
y de qué manera,
puedo comprar una casa con sueños,
un lenguaje sin piedras.

Otras veces,
por lo perezoso que soy,
me bastaría un andén,
unos bancos de madera,
y esperaría, de tierra en tierra,
a que pasara el tren del olvido en bicicleta.

© Chema Laranxeira
Imagen: Piedra ©Chema Laranxeira