lunes, junio 21, 2004



Por más que te busco
no acierto con qué herramienta.
Será que has nacido
en otra madre,
que no hay carretera.
Cómo encontrarte,
en qué viaje,
con qué brújula,
en qué cruce debo girar
en el momento justo
en que te asomes a todas las ventanas.

Y si tropiezo con difíciles nudos,
con ítacas placenteras,
y si de los árboles cuelgan panes
que ocultan cadenas,
y si me olvido
de lo que no encuentro
y me doy la vuelta.
Y si no me esperas,
y si no giro los candados
con suficiente fuerza.

Y si dudo estar,
si son comestibles estas piedras,
si con ser estratega del viento
puedo acercarme
y ser la sala de mi espera.

Y qué ofrecerte,
sólo tengo el aire
que malgasto en las caligrafías de las cosas,
en subrayar todo el tiempo
que pierdo en parecer paleontólogo
de las costumbres de las libélulas.

Pero voy y vengo,
como una boya en el mar,
y no tengo ni idea de la aeronáutica
que me aleja,
no sé si soy, si seré miope
cuando llegue el día
y acabe vendiendo
enciclopedias
por otras puertas.


© Chema Laranxeira

Imagen: Distorsión ©Chema Laranxeira

sábado, mayo 08, 2004



Después de darme la vuelta
y encontrarme de bruces conmigo mismo,
es sencillo combar el aire que arrastras,
desmadejar el penetrante sudor
a olvido que dejas.
Es sencillo
dejar de quitar fotos a tus abrazos
o, cariacontecido, sobornar
a los recuerdos para que dejen de mirarte.

Es sencillo
porque es ilegal abrir balcones
en los precipicios,
dejar de fiarse
del horóscopo de mis penas.

Y me duele estar aquí,
en este momento,
y ser tortuga en mi desaliento.

Quisiera ser egoísta y quedarme,
averiguar en qué pueblo,
y de qué manera,
puedo comprar una casa con sueños,
un lenguaje sin piedras.

Otras veces,
por lo perezoso que soy,
me bastaría un andén,
unos bancos de madera,
y esperaría, de tierra en tierra,
a que pasara el tren del olvido en bicicleta.

© Chema Laranxeira
Imagen: Piedra ©Chema Laranxeira

jueves, abril 29, 2004


Y es que me canso
de buscar en los bolsillos
la poca pena que me queda.
Será por el gasto averiado,
o por la bancarrota del frigorífico,
será porque me acuesto en números rojos
o porque a base de sacrificar monederos
hasta la desgracia salió por la ventana.

Es una vida
de huesos malheridos,
de profundos cortes
en maderas amargas.

Y no sé si huir
o dejarme naufragar como un perro,
extenderme capilar entre cerraduras
o forrar de trapos la pasión
por respirar despacio.

Yo lo que quiero
es servir de saco a los calendarios,
liberar a los caballitos de los tiovivos,
y sentir que entre estos días de espadas,
y las noches de ladrones en duelo,
todavía hay esperanza,
o gemidos o volcanes en celo.

© Chema Laranxeira
Imagen: Lilas ©Chema Laranxeira

martes, abril 20, 2004



Me crié entre piedras
de estrechos ojales.
No sé si el ajetreo
entre el barrio del caos
y el de la inocencia
acabó desangrando en melancolía
o si el lento goteo
de inviernos
y crustáceos sueños
me dejó desnudo
y amortajado por el frío noroeste.
Ambos me temo.

Y crecí,
crecí de contrastes en bajorrelieve,
de libar las esquinas de los alambres,
como si fuera posible
crecer entre tanta humedad
y permanecer higrófobo y aéreo,
apenas sin dificultad,
como una ameba lunar,
o un mediterráneo en el océano.

Dando un rodeo
vegetal, no, no me muevo,
esperé,
esperé a que estirara el cielo,
a que, con lúpulo en la boca,
el porvenir me circuncidara asimétrico.

Y llegó,
llegó con alfombras rojas
y un suave contoneo,
femenina y glacial,
primitiva y en celo.
Era diciembre
y en las cuencas del deseo
chisporroteaban arco iris de catéteres indoloros,
no, no los siento,
y fui feliz,
horizontal como un eiffel cubista,
mineral a pesar del movimiento.

Luego, con un par de letras,
hice un mecano de cuentos
y lo perdí,
lo perdí como se pierden los cuentos,
entre las matemáticas del tiempo.

© Chema Laranxeira
Imagen: Tapiz ©Chema Laranxeira

sábado, abril 17, 2004


Con un suave balanceo
me acerco a tu puerta
y te llamo, vegetal y submarino,
dispuesto a edificar
sin apenas geometrías.
Una ligera brisa,
del calibre de un beso,
susurra que dentro, casi campestre,
te meces entre canciones de cuna.
Inmóvil, embarazado de rosas,
espero a que abras
y que partas en dos este invierno.

Yo te tengo sin testigos
y soy capaz de cambiarme entre bastidores
y arrojarte toda la humedad
que el tiempo me ha dejado en herencia.

Yo te mostré mis heridas
y tú, con la suavidad
de la madera pulida,
te tiendes espacial
y golpeas una a una
cada desdicha con piel de tigre,
enlutadas telarañas
que, con razón o sin ella,
gasté al comprar tanta luz
para tan poca casa.

Yo tuve un rostro
y tú con una empuñadura
del mas humano cielo,
quemaste las torres
e izaste la bandera
del más puro ecuador.

Yo solo quiero quedarme,
quedarme inoxidable
en tu regazo
y dejar que de sangre
hagas lenguajes

viernes, abril 16, 2004


Si acercándome despacio
consiguiera desprevenirte
y acurrucarme ajeno al tiempo.
Si con un líquido roce, una caricia porosa,
engendrara certero un suero
y como un vahído amerizara sin dolor
sobre tu virus agorero,
que me inunda y contamina,
que se aprieta gelatinoso y endodérmico,
no dudes que lo haría.
Salir de esta ortopedia
que me corroe,
devorarle las entrañas, analítico y carroñero,
dejarle expirar sin pausa ni remordimiento,
amanecer dilatado, imberbe y austero,
como recién nacido,
como pompa soluble en el aire,
y acostarme en la nada,
y disfrutar del paisaje
y hacer onomatopeyas de papel con tu recuerdo.

© Chema Laranxeira

miércoles, abril 14, 2004


Espera,
es tarde para eso.
No quiero emociones a granel,
no ves que no puedo.
Acércate y desenrédame,
auscúltame primero.
Tómate el tiempo a bocanadas,
acaricia ese beso en celo.
Sal a la ferretería y pide
un verbo enfermo.
Y luego,
luego podremos hacer barbacoas
con el deseo
y convertir en palacios
lo que hemos ahorrado,
sumergir
nuestras lenguas en mosaicos
y llenar las mochilas
de saltos.
Mientras tanto,
dejemos que el aire
cargado de ladrillos,
dispare ráfagas
oscuras y hostiles.
Yo sólo quiero vagabundear
sin rejas en las manos
y calmar, de una vez,
el estruendo
de este desierto eléctrico.

© Chema Laranxeira

martes, abril 13, 2004


No es de vaivenes ni de rosas
de lo que te hablo,
sólo con tus labios
podría hacer, a contrarreloj, un boceto
de lo que quiero.
Sin sometimiento no hay espera
y entre el azar y la solidez de la gelatinosa
melancolía,
me desperezo.
Harto de soledad,
buceo como hiena,
buscando,
buscando a quemarropa
mi yo,
mi sentido,
ese tacto de franela
y pana,
como cuando éramos niños.
Tú y yo,
mi querida ausencia.

© Chema Laranxeira