jueves, septiembre 28, 2006



Vivo con más corazón que cerebro.
Un desorden matemático
de difícil digitalización.
Uno por uno suelen ser dos,
Dos menos uno suele ser nada.
Quizás sea un exceso por mi parte,
o un fallo en la memoria anterógrada.
Intento, eso sí, vacunarme de normalidad,
reinsertarme en las lecturas adecuadas
y dejar atrás las formas.

Circunstancialidad,
fragilidad disfrazada de tiempo,
que todo perezca
y se regenere de nuevo,
que tropiecen las neuronas,
que de injertar sea más mestizo,
más cierto.

Aquiescencia.
Adicción a la entropía,
a los besos encarnados,
a vivir ajeno al sexo de las palabras.
Aspiro.
A veces ausculto su esencia
Para cerciorarme que es real.

Vivo con más corazón que cerebro.
Necesito sumar seres con colores
para no olvidar que todos somos arco iris.

©Chema Laranxeira

sábado, agosto 12, 2006



Azul,
azul de aguantar la respiración,
y llevar en peso el cielo.
Tauro para más señas.

Rojo,
rojo de aspirar herrumbre,
de silenciar al caníbal asocial.

Verde,
verde de sometimiento,
de la sinrazón que supura animales goyescos.

Amarillo,
tan primario que ofende,
desierto que se aspira.

Negro,
la vida cobra sentido,
el aire se envuelve en papel de estraza
y se coloca un lazo arcoiris.

Blanco,
amago de nada,
caricia de abuela
o portazo sin retorno.

Hoy me levanto rosa,
y por eso escribo,
pobre rosa, tan vilipendiado.
Hoy en la paleta de colores
no tengo palabras,
solo acuarelas
que se diluyen al contacto con el léxico,
gramáticas grises, diccionarios inútiles
donde vagabundean desterradas las palabras verdaderas.

©Chema Laranxeira
Imagen: ©Chema Laranxeira

miércoles, agosto 09, 2006



Migas de aire,
aire con sabor a toffee,
a disolvente de sueños,
a futuro imperfecto.

Recetas de certezas,
y esa palabra terrible de cinco letras
que me merodea,
que me atraviesa.

Somos porque al oeste limitamos con la pasión,
somos porque el camino siempre es de vuelta,
somos por abrirnos puertas
y dejar las habitaciones llenas
y los cuerpos vacíos.

Somos por despedazarnos,
por hacer un trueque de sincronías
y batallas de flores,
somos por ser siempre dos comensales
con un menú de carne
y emociones de postre.

Todo sea por abandonar la ficticia cirugía
que transforma los sentimientos.
Todo por olvidar
cualquier artilugio que mida el tiempo,
y repartirnos besos homicidas.

©Chema Laranxeira
Imagen: Hierba ©Chema Laranxeira

martes, julio 25, 2006



Un secreto:
eres como un beso fotografiado en el aire,
un beso con guarnición,
un beso con virutas de queso.

©Chema Laranxeira
Imagen: Beso ©Chema Laranxeira

viernes, mayo 05, 2006



Espera,
es tarde para eso.
No quiero emociones a granel,
no ves que no puedo.
Acércate y desenrédame,
auscúltame primero.
Tómate el tiempo a bocanadas,
acaricia ese beso en celo.
Sal a la ferretería y pide
un verbo enfermo.
Y luego,
luego podremos hacer barbacoas
con el deseo
y convertir en palacios
lo que hemos ahorrado,
sumergir
nuestras lenguas en mosaicos
y llenar las mochilas
de saltos.

Mientras tanto,
dejemos que el aire
cargado de ladrillos,
dispare ráfagas
oscuras y hostiles.
Yo sólo quiero vagabundear
sin rejas en las manos
y calmar, de una vez,
el estruendo
de este desierto eléctrico.

©Chema Laranxeira
Imagen: Camino ©Chema Laranxeira

viernes, marzo 17, 2006



¿Cuántas veces podría recordarte
como esa niña elástica,
repleta de detonaciones sumergidas?.

El olvido es un disparo de distancia comprimido.
Todo queda lejos pero duele tan cerca.

¿Cuántas veces podré recordarte
danzando como un anélido en una lata de repsol?

En un desierto sin nómadas,
dos estiletes sencillos
rasgan las dermis del amor náufrago.
Los bordes se cansan de ser acróbatas,
y ni tu corazón ni el mío
son gargantas que afinen en el blanco.

¿Para qué quiero dos veces dos,
amor unívoco,
rencores de ida y vuelta?

Es la suerte del toro
con arena coagulada en el ruedo.

¿Para quién esas dos copas
amarillas del trajín del vino?
¿Para qué tu amor sin el mío?

De nuevo ser dos,
híbridos ,
atardeceres blancos, asexuados,
lejos del olimpo.

Vivir transeúnte
y anónimo
en un cementerio de palabras cerradas.


Y doy voces,
y te suda el rostro,
hasta creo que me hacen efecto los analgésicos,
y que se descruza el gato negro.

©Chema Laranxeira
Imagen: Licuada ©Chema Laranxeira

lunes, junio 21, 2004



Por más que te busco
no acierto con qué herramienta.
Será que has nacido
en otra madre,
que no hay carretera.
Cómo encontrarte,
en qué viaje,
con qué brújula,
en qué cruce debo girar
en el momento justo
en que te asomes a todas las ventanas.

Y si tropiezo con difíciles nudos,
con ítacas placenteras,
y si de los árboles cuelgan panes
que ocultan cadenas,
y si me olvido
de lo que no encuentro
y me doy la vuelta.
Y si no me esperas,
y si no giro los candados
con suficiente fuerza.

Y si dudo estar,
si son comestibles estas piedras,
si con ser estratega del viento
puedo acercarme
y ser la sala de mi espera.

Y qué ofrecerte,
sólo tengo el aire
que malgasto en las caligrafías de las cosas,
en subrayar todo el tiempo
que pierdo en parecer paleontólogo
de las costumbres de las libélulas.

Pero voy y vengo,
como una boya en el mar,
y no tengo ni idea de la aeronáutica
que me aleja,
no sé si soy, si seré miope
cuando llegue el día
y acabe vendiendo
enciclopedias
por otras puertas.


© Chema Laranxeira

Imagen: Distorsión ©Chema Laranxeira

sábado, mayo 08, 2004



Después de darme la vuelta
y encontrarme de bruces conmigo mismo,
es sencillo combar el aire que arrastras,
desmadejar el penetrante sudor
a olvido que dejas.
Es sencillo
dejar de quitar fotos a tus abrazos
o, cariacontecido, sobornar
a los recuerdos para que dejen de mirarte.

Es sencillo
porque es ilegal abrir balcones
en los precipicios,
dejar de fiarse
del horóscopo de mis penas.

Y me duele estar aquí,
en este momento,
y ser tortuga en mi desaliento.

Quisiera ser egoísta y quedarme,
averiguar en qué pueblo,
y de qué manera,
puedo comprar una casa con sueños,
un lenguaje sin piedras.

Otras veces,
por lo perezoso que soy,
me bastaría un andén,
unos bancos de madera,
y esperaría, de tierra en tierra,
a que pasara el tren del olvido en bicicleta.

© Chema Laranxeira
Imagen: Piedra ©Chema Laranxeira

jueves, abril 29, 2004


Y es que me canso
de buscar en los bolsillos
la poca pena que me queda.
Será por el gasto averiado,
o por la bancarrota del frigorífico,
será porque me acuesto en números rojos
o porque a base de sacrificar monederos
hasta la desgracia salió por la ventana.

Es una vida
de huesos malheridos,
de profundos cortes
en maderas amargas.

Y no sé si huir
o dejarme naufragar como un perro,
extenderme capilar entre cerraduras
o forrar de trapos la pasión
por respirar despacio.

Yo lo que quiero
es servir de saco a los calendarios,
liberar a los caballitos de los tiovivos,
y sentir que entre estos días de espadas,
y las noches de ladrones en duelo,
todavía hay esperanza,
o gemidos o volcanes en celo.

© Chema Laranxeira
Imagen: Lilas ©Chema Laranxeira

martes, abril 20, 2004



Me crié entre piedras
de estrechos ojales.
No sé si el ajetreo
entre el barrio del caos
y el de la inocencia
acabó desangrando en melancolía
o si el lento goteo
de inviernos
y crustáceos sueños
me dejó desnudo
y amortajado por el frío noroeste.
Ambos me temo.

Y crecí,
crecí de contrastes en bajorrelieve,
de libar las esquinas de los alambres,
como si fuera posible
crecer entre tanta humedad
y permanecer higrófobo y aéreo,
apenas sin dificultad,
como una ameba lunar,
o un mediterráneo en el océano.

Dando un rodeo
vegetal, no, no me muevo,
esperé,
esperé a que estirara el cielo,
a que, con lúpulo en la boca,
el porvenir me circuncidara asimétrico.

Y llegó,
llegó con alfombras rojas
y un suave contoneo,
femenina y glacial,
primitiva y en celo.
Era diciembre
y en las cuencas del deseo
chisporroteaban arco iris de catéteres indoloros,
no, no los siento,
y fui feliz,
horizontal como un eiffel cubista,
mineral a pesar del movimiento.

Luego, con un par de letras,
hice un mecano de cuentos
y lo perdí,
lo perdí como se pierden los cuentos,
entre las matemáticas del tiempo.

© Chema Laranxeira
Imagen: Tapiz ©Chema Laranxeira

sábado, abril 17, 2004


Con un suave balanceo
me acerco a tu puerta
y te llamo, vegetal y submarino,
dispuesto a edificar
sin apenas geometrías.
Una ligera brisa,
del calibre de un beso,
susurra que dentro, casi campestre,
te meces entre canciones de cuna.
Inmóvil, embarazado de rosas,
espero a que abras
y que partas en dos este invierno.

Yo te tengo sin testigos
y soy capaz de cambiarme entre bastidores
y arrojarte toda la humedad
que el tiempo me ha dejado en herencia.

Yo te mostré mis heridas
y tú, con la suavidad
de la madera pulida,
te tiendes espacial
y golpeas una a una
cada desdicha con piel de tigre,
enlutadas telarañas
que, con razón o sin ella,
gasté al comprar tanta luz
para tan poca casa.

Yo tuve un rostro
y tú con una empuñadura
del mas humano cielo,
quemaste las torres
e izaste la bandera
del más puro ecuador.

Yo solo quiero quedarme,
quedarme inoxidable
en tu regazo
y dejar que de sangre
hagas lenguajes

viernes, abril 16, 2004


Si acercándome despacio
consiguiera desprevenirte
y acurrucarme ajeno al tiempo.
Si con un líquido roce, una caricia porosa,
engendrara certero un suero
y como un vahído amerizara sin dolor
sobre tu virus agorero,
que me inunda y contamina,
que se aprieta gelatinoso y endodérmico,
no dudes que lo haría.
Salir de esta ortopedia
que me corroe,
devorarle las entrañas, analítico y carroñero,
dejarle expirar sin pausa ni remordimiento,
amanecer dilatado, imberbe y austero,
como recién nacido,
como pompa soluble en el aire,
y acostarme en la nada,
y disfrutar del paisaje
y hacer onomatopeyas de papel con tu recuerdo.

© Chema Laranxeira

miércoles, abril 14, 2004


Espera,
es tarde para eso.
No quiero emociones a granel,
no ves que no puedo.
Acércate y desenrédame,
auscúltame primero.
Tómate el tiempo a bocanadas,
acaricia ese beso en celo.
Sal a la ferretería y pide
un verbo enfermo.
Y luego,
luego podremos hacer barbacoas
con el deseo
y convertir en palacios
lo que hemos ahorrado,
sumergir
nuestras lenguas en mosaicos
y llenar las mochilas
de saltos.
Mientras tanto,
dejemos que el aire
cargado de ladrillos,
dispare ráfagas
oscuras y hostiles.
Yo sólo quiero vagabundear
sin rejas en las manos
y calmar, de una vez,
el estruendo
de este desierto eléctrico.

© Chema Laranxeira

martes, abril 13, 2004


No es de vaivenes ni de rosas
de lo que te hablo,
sólo con tus labios
podría hacer, a contrarreloj, un boceto
de lo que quiero.
Sin sometimiento no hay espera
y entre el azar y la solidez de la gelatinosa
melancolía,
me desperezo.
Harto de soledad,
buceo como hiena,
buscando,
buscando a quemarropa
mi yo,
mi sentido,
ese tacto de franela
y pana,
como cuando éramos niños.
Tú y yo,
mi querida ausencia.

© Chema Laranxeira